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Visitando al tío Chon


Ayer me compartió mi amiga Inés una experiencia personal y familiar en un relato, que escribió al vuelo, y me autorizó a publicarlo. En el mismo narra sus experiencias al visitar a sus tíos en el penal del  Topo Chico tristemente célebre en la actualidad, parecido al de la leyenda urbana del  Palacio negro de Lecumberri que conocí  en mis visitas a Don Giorgio en los sesentas. Son testimonios y experencias, muchas veces dolorosas que no quiere ser recordadas y menos hacerlas públicas, sin embargo comparto con mi amiga que son vivencias para que se conozcan y muestren una parte de la época que nos ha tocado vivir. A continuación dejo fragmentos a reserva de ponerlo a disposición el relato completo a quienes lo soliciten  dejando un mensaje en este blog.

“No sabia que a la antigua cárcel de Lecumberri le llamaran el palacio negro. Y tampoco que hora esta ahí el archivo de la nación. Hoy leyendo un blog de un buen amigo Jorge Blásquez, sobre dicho penal, apenas comencé en el primer renglón y se agolparon en mi los recuerdos de los años setentas. Tendría yo unos ocho o nueve años.  Era la primera vez que pisaba un penal, era el penal del Topo Chico. Mis padres se salieron del campo por la sequía, y vinieron a la ciudad, Monterrey para pasar ese tiempo, mientras llovía de nuevo y regresar a sembrar. Nos quedábamos en unas casitas de vecindario con techos de cartón…” Mi hermana, mayor que yo nueve años, trabajaba de sirvienta en una casa de la colonia del valle. Salía los domingos. Por aquel entonces, dos de mis tíos, también del campo, establecidos en la ciudad, estaban ambos en prisión, en ese penal del Topo. Mi tío Gabriel, hermano de mi mama, y mi tío Chon hermano de mi papa, que por cierto, nunca supe porque me apodaba Camila. Los llevaron al bote en distintos tiempos y circunstancias y por la misma razón. Narcomenudeo, del rancho a la ciudad. Mi mama no iba nunca a ver a su hermano, ella sufría ya con saberlo encerrado, mi papa tampoco, era muy frío y distante con sus hermanos. Así que mi hermanita siempre después de salir de su trabajo, y llegar al cuartito donde nos quedábamos una familia de cinco chiquillos, y mis papas, tomaba algunas cosas que mi mama preparaba desde temprano para llevarlas a la cárcel…”

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