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Zen y pensamiento occidental


El Zen es incomprensible para la manera de pensar habitual en occidente. Se busca una aproximación con lecturas y racionalizando conceptos. Esto no es posible. Se piensa en el Zen como un sistema filosófico doctrinario, no lo es. También se le confunde como una forma de meditación, y no es cierto, ya que en la meditación propiamente dicha se trata de enfocar la atención en un objeto y obtener un logro espiritual o intelectual. En el Zen no se fija la atención sobre ningún objeto o pensamiento. El Zen rechaza la pasividad y el abandono, sólo nos mantiene en estado de alerta continuo.  También se dice que el Zen es una religión, si bien es cierto al Zen se considera una forma de budismo, pero en el Zen no hay un dogma como tal. En efecto se cantan algunos sutras, pero esto tiene como propósito central compartir la experiencia en grupo, el Zen no se hace en forma aislada.

Desde mi punto de vista el Zen es una disciplina que nos ayuda a entrenar nuestra mente para ir más allá de los conceptos y de las palabras. Pero de ninguna manera puede considerarse que el Zen está reñido con la racionalidad, tampoco es una disciplina de corte místico en la que se busque algún logro espiritual, en el Zen no existe logro alguno. Así podemos ver al Zen como una vía media entre la racionalidad y espiritualidad, que separadas son incompletas para conocer nuestra esencia. Para el Zen la naturaleza humana original es buena y existe dentro de nosotros, aunque a lo largo de nuestro aprendizaje vayamos incorporando conceptos e ideas sobre el bien y el mal. Como dijo el escritor occidental  E. Young: nacemos originales, morimos copias.

El Zen puede ser el camino para volver a integrarnos a nuestra naturaleza original: la del ser humano no nacido. El Zen es práctica que no implica una creencia en algo externo a nosotros en forma de un monoteísmo o panteísmo. El Zen se constituye como una disciplina libre de creencias religiosas, en el sentido convencional, es neutral en este aspecto. Al practicar no se requiere renunciar necesariamente a nuestras creencias. El Zen se orienta al sentido más profundo de nuestra religiosidad: tocar nuestra esencia.

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