Archivo diario: febrero 11, 2012

Siddharta


Uno de mis escritores favoritos es Hermann Hesse, sin duda fuí influído por los vientos del cambio de los sesentas. Gocé de la lectura de muchos de sus libros y cuento. Una de mis joyas es la obra completa de Hesse en cuatro volúmenes. Ahora en formato digital puede leerse mucho, pero siempre recomendaré que si un libro les gusta cómprenlo impreso. A quienes el interse les puedo enviar el archivo por emilio. Le dejo un  fragmento del inicio del libro.


Siddharta, el agraciado hijo del brahmán, el joven halcón, creció junto a su amigo Govinda al lado de la sombra de la casa, con el sol de la orilla del río, junto a las barcas, en lo umbrío del bosque de sauces y de higueras. EI sol bronceaba sus hombros brillantes al borde del río, en el baño, en las
abluciones sagradas, en los sacrificios religiosos. La sombra se adentraba por sus negros ojos en el boscaje de mangos, en los juegos de los niños, en el canto de su madre, en los sacrificios religiosos, en las enseñanzas de su padre y sus maestros, en la conversación de los sabios. Ya hacía mucho tiempo que Siddharta participaba en las conferencias de los sabios. Con Govinda se entrenaba en las lides de Ja palabra, en el arte de la contemplación, de saber ensimismarse. Ya podía pronunciar quedamente el Om la palabra por excelencia. Había conseguido decirlo en silencio, aspirando hacia adentro; aprendió a enunciarlo calladamente, aspirando hacia afuera, concentrando su alma y con la frente envuelta en el brillo de la inteligencia. Ya sabía entender el interior de su atman indestructible en el mundo material. La alegría invadía el corazón de su padre al ver al hijo inteligente, con deseos de saber; observaba cómo crecía en Siddharta un gran sabio y sacerdote, un príncipe entre los brahmanes. Una deliciosa sensación llenaba el pecho de su madre cuando le veía andar, sentarse y levantarse. Siddharta el fuerte, el hermoso, el que caminaba sobre piernas delgadas, el que saludaba con perfectos modales. EI corazón de las hijas de los brahmanes rebosaba amor cuando Siddharta paseaba por las callejuelas de la ciudad con la frente iluminada, con mirada real, con caderas estrechas.

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