Archivo diario: enero 23, 2012

Mi camino al Zen (I)


Desde muy joven me interesé en la filosofía y psicología eso me llevó a conocer un libro “Budismo Zen y Psicoanálisis (Fromm y Suzuki), durante varios años leí mucho acerca de la psiocología analítica de  Jung y me llené de lecturas sobre budismo Zen tratando de entender de que se trataba, en ambas vertientes, ví que se hablaba de un tipo de inconsciente diferente del psicoanálisis de Freud (basado principalmente en el instinto animal del hombre). Un libro luminoso par mí fue “El Hombre y sus Símbolos” de Carl Gustav Jung, en el por fin entendí todo lo relacionado con el lenguaje sin palabras del inconsciente, basado en imágenes que emergen de nuestro interior y que después se tratan de interpretar con palabras, siendo esta la base de la psicología analítica de Jung.

Por otra parte desde niño mi padre me enseñó que “había que tener disciplina” y una de las bases de su enseñanza era el deporte rudo: carrera, series de abdominales, largartijas, sesiones de boxeo casero, lo cual no me hacia muy feliz al ser de naturaleza más bien pacífica, pero por la infancia que viví no tuve de otra que aprender a defenderme con los puños si era necesario, en esa época una de las bases del “entrenamiento” paterno era correr en la calle alrededor de la “manzana” desafiando a los perros. Ya en la adolescencia hice mi servicio militar en el regimiento de fusileros paracaidistas, un entrenamiento básico duro, pero no salté por una prohibición que se dio después del movimiento de 1968.   Ahí enfrenté por primera vez mi acrofobia, durante las largas sesiones de carrera teníamos que pasar por encima de un tubo, que atravesaba una hondonada, con el punto más alto era de más o menos seis metros, y el largo del tramo era aproximadamente de 30 metros, ahí se nos probaba a ver si serviamos para saltar y el temple para hacerlo; para mí fue una prueba casi imposible, que finalmente pude superar, recibiendo  varias veces el castigo de pasar por en medio de dos filas de compañeros, quienes nos aporreaban generosa y alegremente. Casi al mismo tipo practicaba natación, primero en un club deportivo de paga y después entré al “equipo” de natación de la “Unidad Morelos” en realidad no pase del grupo previo ya que no daba los tiempos para avanzar a los grupos más avanzados, pero el entrenamiento era duro de dos horas de duración. Por esa época mi padre llevó un libro “Yoga para todos” en el cual aprendí ciertas posturas básicas y el uso de la respiración completa (o profunda) basada en el uso del diafragma.

Texto completo ———-> Mi camino al Zen I

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